NOCTURNOS de Javier Pérez Campos. Editorial Planeta

El libro arranca con un aviso directo y sin rodeos: «prohibido leer de día». Y es que Nocturnos, que probablemente sea la obra más personal de Javier Pérez Campos, te exige ese pacto. No busca el susto fácil ni la típica descarga rápida de adrenalina para pasar el rato. Lo que el periodista hace aquí es meternos de lleno en nuestra propia vulnerabilidad cuando el sol se oculta y esa falsa seguridad del día desaparece. Quien se meta en estas páginas va a encontrar un mapa de nuestros miedos compartidos; un ensayo que usa la noche para mirar de frente lo que la sociedad prefiere ignorar a plena luz del día.

A mí, personalmente, su lectura me ha dejado un cúmulo de sensaciones extrañas. No llega a ser un sinvivir ni una paranoia constante, pero sí te deja un runrún en el cuerpo, una inquietud rara que te acompaña incluso cuando cierras las páginas. De hecho, si alguna vez has vivido en tus propias carnes algún fenómeno inexplicable, es muy probable que en esta obra encuentres relatos que te resulten incómodamente familiares. Eso sí, esperemos que esos puntos en común no te los encuentres en la primera parte del libro, que trata sobre asesinos en serie… porque entonces sí que tenemos un problema serio.

El propio proceso de escritura ya te envuelve. Redactado exclusivamente de madrugada, el texto arrastra ese silencio espeso, el crujido de los muebles en la penumbra y el aislamiento típico del insomnio. No es el típico análisis frío de despacho: se nota que el libro ha sido parido en el mismo entorno que intenta comprender, y por eso se siente tan auténtico.

En lugar de organizarlo por los capítulos temáticos de siempre, la estructura imita la división medieval del tiempo, porque el miedo cambia según avanza la madrugada. El viaje empieza en el crepúsculo, cuando la luz cae, y avanza por el concubio y la intempesta hasta llegar al conticinio, la hora del silencio absoluto. El autor explora cómo en esas fases la mente, al quedarse sin estímulos visuales, empieza a rellenar el vacío con sus propias paranoias.

Me recordó mucho a lo que siempre decía mi padre: que, si estás de noche en mitad del campo o de un bosque, la mente y la vista te acaban jugando malas pasadas, y el tronco de cualquier árbol se termina convirtiendo, ante tus ojos, en una sombra humana. De eso va exactamente esta parte; de las pesadillas más profundas, la parálisis del sueño y esa angustia que solo se pasa cuando empieza a clarear. Esta cuenta atrás hace que la lectura se vuelva casi física: acabas sintiendo el mismo frío y el mismo cansancio que si llevaras días en vela.

Para mí, el gran valor del libro está en su mirada limpia, sin morbo y con un respeto tremendo hacia los testigos. Pérez Campos usa el folclore de siempre —los aparecidos en mitad de la carretera o las leyendas de monstruos— para explicar la psicología criminal y las tragedias reales que la historia prefirió camuflar bajo el mito. Al final, detrás de cada criatura clásica suele haber una enfermedad médica que antes no se entendía, o directamente una manifestación de la crueldad humana. Cruzando la leyenda con un trabajazo de archivo de más de 450 fuentes, el libro te deja una certeza bastante incómoda: los verdaderos monstruos no tienen sábana ni atraviesan paredes, son de carne y hueso y caminan entre nosotros.

Además, Nocturnos funciona como un bofetón de realidad sobre nuestra propia evolución. En cuanto nos quitan la luz, el hombre moderno vuelve a ser el mismo cavernícola de hace miles de años, dependiendo del oído y del puro instinto para sobrevivir a la intemperie. Ese escalofrío que sientes cuando cruje algo en una habitación a oscuras no es que estés loco; es tu propia biología activando un sistema de alerta que llevamos grabado a fuego en el ADN desde hace generaciones.

Lo mejor es que toda la rigurosidad histórica y los datos científicos no le quiten ni un ápice de misterio a las historias. Al contrario: saber que lo que te está contando viene respaldado por juicios reales de la Inquisición, actas de la policía o informes médicos de hoy en día hace que el impacto sea el doble.

Al final, el libro es una invitación a dejar de temerle a la oscuridad para entender mejor quiénes somos. Nos demuestra que tener miedo no es ninguna debilidad, sino el rasgo más humano que todavía nos queda. Si buscas un libro de terror al uso, quizás te equivoques de estantería; si buscas entender por qué nos da pánico quedarnos a oscuras, hazle caso al autor, apaga las luces y empieza a leer.

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